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Con tu Propuesta de Valor más o menos definida, ponte en la piel de tu cliente o usuario/a, y desde su necesidad o su deseo, analiza las reticencias que podría tener al encontrarse con tu servicio o producto.
Piensa después en cómo paliar esas reticencias. A continuación, piensa sobre qué más le puedes aportar. Por último, valida si lo que le vas a proponer responde a sus necesidades de partida, sin olvidar ese algo más que quizás ni esperaba.

 


Imprime o dibuja la plantilla y anota tus reflexiones sobre ella. En la parte amarilla, estás tú, con tus productos y servicios. En la naranja, tu cliente, con sus necesidades. Si lo prefieres, anota sobre post it rectangulares; te ayudarán a corregir.

Plantilla de la Propuesta de Valor (PDF)